Resiliencia

La palabra Resiliencia, junto con su concepto, se escucha muy a menudo en el ámbito escolar y de negocios. Es un concepto que estuvo de moda hace unos años, junto con empoderamiento e inteligencia emocional. Se ha utilizado de manera indiferenciada, lo que provoca un cambio en la denotación cada vez que se hace uso del concepto. Eso puede llevar a errores de interpretación y conceptualización de la realidad, ya que se puede clasificar a las personas como resilientes y no resilientes.

Si haces una búsqueda rápida por internet y tecleas la palabra resiliencia, obtendrás una definición como “capacidad de afrontar la adversidad”. Hay quienes agregan que se aprende de esa adversidad, otros que es un proceso de adaptación ante un infortunio, y hasta la RAE maneja una denotación de capacidad para adaptarse frente a un agente perturbador. El consenso a lo que se refiere el concepto, dentro de la miríada de definiciones, es la capacidad para superar la adversidad (y aprender de ella). 

En las películas y libros donde hay personajes heroicos, que toman la estructura del monomito (o el camino del héroe) descrita por Joseph Campbell, ilustran lo que es ser resiliente. Por lo que hay que poner atención a lo que mencionan las definiciones: la capacidad. 

Capacidad tiene varias denotaciones entre las cuales se menciona “apto, con talento o cualidades para algo”, “que puede realizar la acción (…)”, etc. Eso implica una cualidad inherente al ser humano, que ahí está, pero podría no desarrollarse. De ahí que se pueda clasificar a las personas de forma binaria como resiliente o no resiliente. Sin embargo, el espectro de la conducta humana es amplísimo. En el libro Los dragones del Edén, Carl Sagan lo expresa en el siguiente párrafo:

Si el cerebro humano tuviera una sola sinapsis —lo que correspondería a un individuo de monumental estupidez—no podríamos alcanzar más que dos estados mentales. Si las sinapsis fueran dos, tendríamos 22 = 4 estados; si fueran tres, 23 = 8 estados, y siguiendo esta progresión, a n sinapsis corresponderían 2n estados. Pero el caso es que el cerebro humano contiene alrededor de 1013 sinapsis, por lo que el número de estados mentales que puede alcanzar el hombre es (…) 2 multiplicado por sí mismo diez billones de veces. Se trata de una cifra irrepresentable (…). Esta cifra colosal puede explicar también, hasta cierto punto, el porqué de la imposibilidad de predecir la conducta humana y el hecho de que en un momento dado lleguemos a sorprendernos de nuestros propios actos.

Obviamente, la psicología y psiquiatría manejan manuales que describen el espectro patológico de la conducta humana para un diagnóstico y pronóstico de la misma. Eso da una pauta predictiva de la conducta, pero sin garantías. Esa cantidad ingente de sinapsis que menciona Sagan refleja la naturaleza aleatoria de la conducta humana, pero también una capacidad enorme para expresarse. Lo que nos regresa al tema que nos ocupa, la capacidad resiliente en las personas.

Siguiendo la lógica del párrafo anterior, cualquier persona puede generar resiliencia o ser resiliente. Al fin y al cabo, la adaptación y el aprendizaje se dan por cada sinapsis que conlleva ejecutar una acción en cualquier situación. El margen para adaptarse y aprender es muy grande. En este caso, la resiliencia sería ordinaria. La mayor parte de la población se enfrenta a la adversidad (crisis, accidentes, pérdidas, enfermedad, estrés, etc.) y lo asimilan para seguir o reconstruir sus vidas. Por lo que la resiliencia serían conductas, pensamientos, y acciones, que se adaptan dependiendo de las circunstancias. Hay quienes se adaptan mejor y hay quienes solo se adaptan. De ahí la popularidad de los tutoriales en internet y de los grupos con un interés afín, sean terapéuticos o lúdicos, en donde se aprende de las estrategias de otras personas en una situación similar a la mía. Si solo te adaptas a la situación puedes vivir, pero si aprendes otras estrategias puedes vivir mejor. 

Es análogo a los videojuegos, en los cuales para pasar de nivel tienes que superar varios obstáculos. A lo mejor avanzas de nivel sin superarlos todos, lo que hace que tu personaje no tenga muchos puntos de experiencia y los niveles subsecuentes sean más difíciles de superar. Pero si tienes una estrategia, repites el nivel hasta lograr superar y conocer todos los obstáculos, el juego se vuelve más fácil. Eso es resiliencia.

Supongamos que no tienes una estrategia, o un aprendizaje, o que si aprendes pero no sabes cómo ejecutar lo aprendido, porque a pesar de estar en la misma situación no logras adaptarte. Esto se debe a que la visión que tienes del mundo es específica y depende de tu historia de vida. Para explicarlo brevemente, en el siguiente párrafo haré uso de las escuelas del pensamiento e ideologías que conocemos desde la edad antigua hasta la contemporánea. 

Independientemente de si pusimos atención en clase de Filosofía en nuestros años de formación académica, tenemos una visión para interpretar la realidad que puede encajar con alguna escuela del pensamiento. A lo mejor eres racionalista, empirista, positivista, existencialista, idealista, utilitarista, pragmatista, instrumentalista… tú elige, la lista es larga. No es indispensable que las conozcas para compartir la visión de estas ideologías, pero hay puntos en común con base en tu experiencia de vida.

Te doy un ejemplo, en el día a día tenemos que tomar decisiones, a lo mejor valoras los pros (ventajas) y contras (desventajas) de esas decisiones y te decides por lo que más te conviene. Eso implica un razonamiento económico, estás analizando el costo-beneficio de una decisión y tu elección es la que te da más beneficios (pros, ventajas) con un menor costo (contras, desventajas). Aquí utilizas lo que postulan las escuelas de pensamiento económico, aunque no tengas interés en la economía. Con la resiliencia, en el uso de estrategias, pasa lo mismo. 

Es una cuestión referencial, si tengo referencias para resolver una problemática soy apto para resolverlas. Pero esas referencias no tienen que ser teóricas, la vida te lleva ahí dependiendo de las experiencias que hayas tenido. Por ejemplo, hay personas que aprendieron a usar el sistema de transporte Metro porque se perdieron al utilizarlo. A lo mejor preguntaron indicaciones a las personas que estaban cerca, o se guiaron con el mapa que hay en cada estación. Nos enfrentamos a situaciones así todos los días, lo resolvemos como lo aprendimos o aprendemos en el momento. Si no te enfrentas a la problemática difícilmente podrás aprender de ella, pero tiene que haber iniciativa. Si eres pasivo te puedes adaptar, pero es una adaptación de tolerancia que no necesariamente mejora tu situación. 

¿Qué estrategias puedo tomar si no tengo con qué referenciarlo? Las recomendaciones generales llegan a diferir dependiendo el autor consultado, pero en donde concuerdan la mayoría son las siguientes:

1. Establecer relaciones. Con familia, amigos, colegas, compañeros, etc. Son nuestras redes de apoyo y nuestras referencias, aprendemos de ellos.

2. Ver las crisis de forma realista. Tienden a verse como insuperables, o como conspiraciones, hay que preguntarse, ¿qué evidencia tengo de que sea así?

3. Aceptar el cambio. El cambio es la norma, el mundo no es igual que hace 100, 50 o 10 años. Y va a seguir cambiando. 

4. Tener metas. Si sabes qué quieres, sabes hacia dónde dirigirte. 

5. No ignorar el problema. Es preferible actuar que ignorar. Si no, ¿cómo vas a resolver el problema? 

6. Tener perspectiva. Al abordar un problema lo hacemos desde nuestra posición (emocional, mental, económica, social, etc.) y descartamos el contexto. Hay que considerar lo que ignoramos para tener una perspectiva más amplia del problema.

7. Aprender del pasado. Preguntarse qué les ha funcionado y qué no establece un antecedente de cómo resuelves las problemáticas a las que te has enfrentado, así puedes saber qué cambiar.

Para concluir, se podría decir que todos somos resilientes. Lo que cambia de persona a persona son las experiencias y lo que aprendió de ellas, pero también el querer aprender de ellas y llevar a cabo ese aprendizaje.

Campbell, J., (2014). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México DF, México: Fondo de cultura económica.
Sagan, C., (2009). Los dragones del edén. Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana (pp. 44-45). Barcelona, España: Crítica.

Job Hernández


Realicé mis estudios en la Universidad Iberoamericana donde cursé la carrera de Psicología.
Actualmente trabajo en una Clínica de Medicina Familiar del sector salud público, en donde brindo atención a población derechohabiente.
También colaboró en los departamentos de Calidad y Enseñanza.

Contacto:
resh_job@hotmail.com
jobtreatment@gmail.com

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s