¿Existe una relación entre el tipo de sangre y la alimentación?

El ser humano ha pasado por millones de años de evolución, cambiando de medio ambiente, de formas de trabajo y hasta de relacionarse como sociedad. Adaptarse al medio ambiente significa mutar, cambiar para poder sobrellevar la actualidad. Así, la sangre también ha tenido cambios significativos, y no es nada extraño considerar que existe una tolerancia a ciertos alimentos, según el tipo de sangre que se tenga. 

Nuestra sangre se compone de elementos sólidos y líquidos. La parte sólida se forma a partir de los glóbulos rojos, blancos y plaquetas, mientras que la parte líquida se compone de agua, sales y proteínas. Existen 4 diferentes tipos de sangre, O, A, B y AB, mientras que el factor Rh determina si tiene proteínas en la superficie de la célula o no, determinado el positivo y negativo. 

Evolución del ser humano 

Sabemos que el ser humano ha ido cambiado con el paso de los años, modificando su alimentación, hábitos y relaciones sociales. De igual manera, los tipos de sangre han ido cambiando para poder mantener con vida a la especie, adaptándose a los nuevos alimentos y formas de vida.

Comenzamos con el hombre cuando era cazador y recolector; su sangre ofreciendo las enzimas digestivas y sistema inmunológico necesario para sobrevivir ante la amenaza de climas extremos y animales salvajes. Así es como se creó el tiempo de sangre O en el año 30.000 a.C., caracterizado por la tolerancia a las carnes animales.  

Muchas investigaciones señalan que el consumo de carne favoreció al desarrollo cerebral y físico del hombre para desarrollar la inteligencia y modificaciones físicas, gracia al consumo de la albúmina (proteína animal).

La migración hacia otros lugares en busca de comida o refugio permitió al hombre de Cromagnon emigrar hacia Europa en el año 20.000 a.C. y extenderse por los demás territorio. Los hábitos alimenticios también se modificaron, incluyendo el consumo de frutas, insectos, nueces, raíces y peces. 

Migrando hacia Asia y Medio Oriente en los años 25.000 y 15.000 a.C. los hombres ya eran sedentarios y podían auto abastecerse de sus cosechas de cereales y ganado criado. Claramente, el sistema digestivo había cambiado y la respuesta inmunológica se había adaptado a las nuevas amenazas ambientales. Aquí nace la sangre tipo A, con una gran tolerancia hacia los alimentos vegetarianos. 

En otra de las rutas migratorias, el hombre se trasladó desde África hasta Europa, Asia y América. Creándose la sangre tipo B, alrededor de los años 15.000 y 10.000 a.C., ahora con una alimentación mucho más amplia y procesos productivos más desarrollados. 

Las crías de rebaños y la producción de lácteos permitieron que la población se adaptara con gran facilidad a este nuevo tipo de dieta. 

Por último, nace el tipo de sangre más reciente, la mezcla de las poblaciones con sangre tipo A y tipo B. Combinando las adaptaciones y tolerancias de ambos grupos, el tipo de sangre AB cuenta con respuestas inmunológicas ante bacterias y alergias, aunque cuentan con un tracto digestivo más sensible que los demás grupos de sangre. Sin embargo, las personas son este tipo de sangre son más tolerantes a una dieta ampliamente variada

Alimentación ideal para tu tipo de sangre

Comprendiendo ahora el desarrollo en los tipos de sangre y la adaptación que ha vivido el hombre en el transcurso de su evolución, el tipo de sangre determina la facilidad para asimilar los alimentos y tener una correcta respuesta inmunológica ante las amenazas del medio ambiente. 

Sangre tipo O

Tolerantes a las carnes de animal (roja y pescado), frutas y verduras. Para estas personas se sugiere evitar el consumo de trigo, ya que el glúten es una proteína que no se digiere fácilmente y aumenta los niveles de insulina, almacenando como consecuencia grasa adicional en el cuerpo.  

Reducir el consumo de leguminosas igualmente: lentejas y frijoles principalmente. Se recomienda quitar los lácteos de la dieta, ya que no se digieren correctamente y sobrecargan al metabolismo. 

Prefiere grasas vegetales como aceite de oliva y linaza. Evita el aceite de maíz y de coco. Aumenta el consumo de nueces y evita los cacahuates y pistaches. 

En cuanto a las verduras consume más de las siguientes: alcachofa, brócoli, calabaza, acelgas, ajo, rábano, pimiento rojo, perejil, lechuga y espinacas. Evita el alfalfa, berenjena, aguacate, coliflor, champiñones, papas, y coles de Bruselas.  

El azúcar de las frutas puede irritar el sistema digestivo, procura consumir las siguientes frutas: higos, ciruelas, piña, manzana, sandía, mango, plátanos, peras, arándanos y uvas. Evita las zarzamoras, fresas, melón, mandarinas, naranjas y lichees. 

Entre las bebidas que lastiman el tracto digestivo del tipo O se incluyen el café, refrescos, limonada y té negro. Se tolera mejor beber agua natural, té verde, cerveza y vino tinto o blanco. 

Sangre tipo A

Los antepasados sedentarios y agricultores permitieron que las personas con este tipo de sangre asimilaran con menos dificultad muchas más verduras y frutas, además de tolerar el trigo y soya. 

Este tipo de sangre no digiere correctamente las carnes, por lo que se sugiere reducir el consumo de carnes animales y lácteos. Es mejor consumir pescados y aves, de igual forma eliminar los embutidos de la dieta. 

Prefiere el tofu y los productos de soya, evita los quesos y leche entera. Entre las grasas se recomienda consumir el aceite de linaza y de oliva, y restringir el consumo de mantequilla, aceite de coco y de maíz. 

Se toleran correctamente las alubias, lentejas y cacahuates. Evita los garbanzos y el coco. Entre los cereales se sugiere consumir mayormente el amaranto, pan de trigo germinado, pasta, harina de avena y arroz, evitando las harinas de trigo blancas como el pan en sus diferentes presentaciones. 

Las verduras mejor toleradas son la alfalfa, alcachofa, brócoli, col, zanahoria, ajo, perejil, lechuga, espinaca, cebolla, berros, coliflor, hongos, espárragos, calabaza y pimientos.  Evitando las berenjenas, papas, tomates y col blanca. 

Entre las frutas que mejor se toleran están la piña, durazno, ciruela, limón, zarzamoras, cerezas, arándanos, manzanas, kiwi, fresas y uvas. Reduce o evita el consumo de plátanos, melón, mango, mandarinas, naranja y papaya. 

Las bebidas mejor toleradas por este tipo de sangre son el café, té verde, vino tinto y agua natural. Resultan perjudiciales la cerveza, refrescos, té negro y limonadas. 

Sangre tipo B

Los nómadas tolerantes a la carne y productos lácteos, con una gran capacidad de adaptación y respuesta inmunológica. Lo ideal es no combinar los alimentos con maíz, cacahuates o productos derivados del trigo. 

El pollo se sugiere eliminarlo de la dieta por completo, ya que aumentan la disfunción en sistema inmunológico. Prefiere consumir pescados, productos lácteos, huevo, yogurt y leche de cabra como fuentes de proteína.

En las grasas es mejor digerido el aceite de mantequilla y oliva, mientras que el aceite de maíz y cártamo resultan perjudiciales. 

Reduce el consumo de lentejas, garbanzos y alubias. Prefiere las nueces y almendras sobre los pistaches y semillas girasol. 

Se tolera bastante bien el pan de trigo germinado, avena y arroz, mientras que los derivados del trigo y centeno lastiman el tracto digestivo. 

Las verduras que este tipo de sangre metaboliza de mejor manera son las berenjenas, coliflor, brócoli, col, zanahorias, pimiento, perejil, hongos shiitake y coles de Bruselas. Reduce el consumo de alcachofas, acelgas, rábanos, setas, algas, apio, espárragos, espinacas, pimientos morrones, cebollas, tomates y maíz.  

Consume frutas como la piña, plátano, ciruelas, papaya y uvas. Evita las granadas, higos y carambolos. En cuanto a las bebidas, prefiere el té verde y agua natural, evitando los refrescos, limonadas y licores. 

Sangre tipo AB

La mezcla de las civilizaciones trajo la combinación de genes y respuestas inmunológicas ante las mayores amenazas. 

Las personas con este tipo de sangre son tolerantes a una alimentación mixta, favoreciendo la digestión de la carne, pescado, lácteos, leguminosas, cereales, frutas y verduras. 

Prefiere el consumo de cordero, pavo, bacalao, trucha, sardinas, merluza, atún y evita el consumo de cerdo, pato, pollo, res, ostras, anguilas, almejas y pulpo. 

Busca agregar a tu dieta yogurt, queso blanco y de cabra, evitando el queso azul, la mantequilla, leche de vaca entera, queso parmesano, provolone y camembert. 

El aceite de oliva es sin duda el aceite que mejor tolera este tipo de sangre, junto con los cacahuates, castañas y nueces. Evita la mantequilla, aceite de maíz, avellanas y semillas de girasol. 

Prefiere el consumo de lentejas, alubias, soya, y evita las habas y garbanzos. Es mejor consumir avena, arroz y trigo germinado, sobre harinas blancas de trigo, maíz y cebada. 

La lista de verduras saludables incluye el alfalfa, berenjenas, coliflor, brócoli, pepino, col, hongos, apio, ajo y perejil, evitando las alcachofas, aguacates, rábanos y pimientos.  

Las frutas saludables para este tipo de sangre son la piña, higos, duraznos, cerezas, kiwi, arándanos, uvas y limón, mientras que las perjudiciales incluyen el plátano, granada, guayaba, higos, carambolo y naranja. 

Bebe café, té verde, agua natural y mineral. Evita los refrescos, limonadas, licores y té negro. 

Modificación en los hábitos 

Existen miles de dietas y teorías sobre la mejor dieta para el ser humano. Sin embargo, cada cuerpo es diferente y la posibilidades de alimentación cambian según la persona y la accesibilidad y disponibilidad de los alimentos.  

Así que nada está obligado a hacerse ni a seguirse si no se desea. Aquí presento una teoría más sobre la asimilación de los nutrimentos en el cuerpo según el tipo de sangre que se tenga. 

Si decides modificar tu alimentación procura que los cambios sean paulatinos para así asegurar su sostenibilidad y éxito. Puedes ir eliminando poco a poco los alimentos perjudiciales según tu tipo de sangre y anotar la reacción de tu cuerpo ante ese alimento. Igualmente, monitorear el peso y la digestión es una gran forma para determinar si tu cuerpo se adapta y se siente bien con los cambios. 

Ahora sabes la dieta mejor recomendada según tu tipo de sangre, si quieres aprender más sobre esta teoría puedes visitar la página del Dr. James D´Adamo, investigador experto en el tema. 

La idea va a mejorar nuestra salud, a elegir con consciencia los alimentos que consumimos pensando en su función o alteración al organismo.

Cuidando nuestro cuerpo, cuidamos de la vida. 

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